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miércoles, 13 de marzo de 2013
Cocer y cantar
Trabajar con producto fresco ha sido siempre de una enorme responsabilidad para quienes nos dedicamos a la gastronomía. La responsabilidad todavía se hace mayor si la materia prima con la que trabajas es de nuestras rías. Y aún se acrecienta más, si cabe, si de lo que hablamos es de marisco. Si a todo ello añadimos el 'factor cliente', que en nuestro caso es un cliente que sabe comer y come bien, el cóctel del compromiso desborda con mucho el listón de la máxima exigencia.
Por eso nos compromete tanto el trato que damos al producto. El marisco no es difícil de tratar, pero da la cara con facilidad: si le maltratas se va a dejar ver y el comensal habituado no dejará de notar que algo no marcha en la simbiosis necesaria entre la sobresaliente materia prima de nuestra costa y un deficiente paso por la cocina. Especialmente delicado en el manejo del marisco son los tiempos de cocción.
Cocer con
sentido común
Existen tantas maneras de cocer el marisco casi como pueblos tiene la costa gallega. Las variantes son sin embargo de una sutileza rayana en lo cómico -no pocas veces- y en términos generales la cocción de tan preciado manjar se somete a una regla general digamos, 'de obligado cumplimiento' y a una variedad de matices más propios del gusto particular, que de los beneficios reales para las características de sabor, color y textura de los diferentes mariscos.
Como regla general, y en la que parece existir un consenso amplio, la cocción requiere como elementos básicos una cantidad de agua abundante y la proporción justa de sal. En este segundo aspecto es necesario tener en cuenta -que no siempre se tiene- que hablamos de un alimento que llega del mar y trae, de 'serie', una cantidad de sal propia del medio en el que viven hasta su captura los diferentes crustáceos, moluscos, incluso bivalvos y cefalópodos, que conforman la abundante nómina de tan delicados productos.
Resumiendo pues, la sal al gusto pero sin excesos; el agua se lleva a ebullición y en medio de la 'fervura' se introduce el marisco contando ese instante como el 'momento cero' de la cocción. El término exacto en el que abandonamos la regla general para adentrarnos en el más complicado trazado de las particularidades y los tiempos.
Un minutado hecho a medida
Ni la carne de todos los mariscos es igual, ni su caparazón ofrece un mismo grado de permeabilidad y absorción del agua, ni siquiera es uniforme la manera en la que las diferentes texturas de cada carne responden al calor del agua en ebullición. Por eso, tras poner el marisco en hervura, la pauta y el cronometraje no son uniformes ni responden al criterio, en mi opinión mal empleado, del 'término medio'.
De la práctica diaria y a título meramente referencial os detallo algunos tiempos.
-La nécora: entre los 5 y los 7 minutos, según su tamaño: menos para las piezas más pequeñas y más para las mayores.
-Al percebe escasos 30 segundos.
-Al camarón, grande o pequeño, otros 30 segundos.
-Para las gambas, llega con 1 minuto.
-Y para los langostinos, también por tamaño, entre 1 minuto y 3.
-La centolla, también según tamaño, varía entre los 13 minutos y los 25
-Igualmente el buey, de concha más dura, entre 15 y 27 minutos
Los patosos, al agua fría
Muy importante excepción a la norma del agua caliente la requiere el caso concreto de los 'mariscos araña' (buey, centolla y nécora, especialmente). Estos tres reyes del plato marisquero y sujetos de cocción no podrán ser 'arrojados' a la olla del agua caliente como vulgares gambas sino que exigen su inmersión en el agua fría puesta a calentar para evitar que en calentón de la ebullición acaben perdiendo sus deliciosas patas o, lo que sería peor, que sus carros acaben inundados de agua por el fuerte contraste frío-calor.
Para almejas, berberechos y mejillones con un vapor de ocho a diez minutos será suficiente, como suficientes me parecen estos consejos a los que cada cual, y dependiendo de la beira do mar de la que vengan, le dará el toque personal que tanto enriquece la cocina gallega. Y que así sea, que esto no son matemáticas ¿verdad?
Un saludo D' Carla
martes, 22 de enero de 2013
El gusto es nuestro
Uf, ¡qué difícil es siempre el comienzo! Para los que no me conozcáis, me presento. Soy Carla y desde hace casi tres años regento un restaurante en el maravilloso pueblecito de A Guía, en Moaña (Pontevedra). Un encantador lugar que vive y goza del mar de la Ría de Vigo. Sin duda, la más bonita del mundo.
El Restaurante de Carla empezó siendo un sueño. Y sin apenas darnos cuenta, se ha convertido también en un modo de vida. En un negocio. En el sustento de varias familias. Y esa es una gran responsabilidad que exige darle todo en todo momento. Aprender constantemente y renovarse para no morir. Mejorar, corregir y compartir. Avanzar y progresar. Evolucionar.
El Restaurante de Carla es algo más que un sitio donde comer. Es la plasmación de una filosofía vital trasladada a la cocina: Solo lo bueno tiene cabida en la mesa. Yo lo tengo claro: Adoro la buena mesa. La buena comida y el buen vino. Las buenas caras y las buenas formas. Las sonrisas y la gente amable. El buen rollo.
El Restaurante de Carla es algo más que un sitio donde comer. Es la plasmación de una filosofía vital trasladada a la cocina: Solo lo bueno tiene cabida en la mesa. Yo lo tengo claro: Adoro la buena mesa. La buena comida y el buen vino. Las buenas caras y las buenas formas. Las sonrisas y la gente amable. El buen rollo.
DegústaNos nace con el único objetivo de contaros cómo somos los que estamos detrás de los fogones, entre las mesas y detrás de la barra de esta aventura. Para dejar claro que la calidad es nuestra fórmula secreta. Y alcanzar esta excelencia culinaria es sencillo. Solo hay que poner la mirada en nuestras rías. En nuestras huertas. En nuestras viñas. Porque Galicia, más allá de un eslogan publicitario, es 100% calidad.
Aunque somos pequeños, queremos estar entre los grandes. Por eso, hemos creado este blog como parte de un amplio proyecto de presencia en redes sociales para que, desde cualquier parte y a cualquier hora, todos los que queráis sepáis de nosotros. De nuestros platos. De nuestras inquietudes. De nuestros proyectos y sueños. En definitiva, de todo lo que se cuece en la cocina.
Y nada más. Solo me resta despedirme con el gran deseo de veros por aquí. Quiero que comprobéis en persona que el Restaurante De Carla es un lugar creado para vivir grandes momentos. Un entorno especial para fomentar las risas y la conversación. Ven a descubrirnos. Te garantizamos que te llevarás un gran sabor de boca.
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